Capitulo 4: El poder de las relaciones

Capitulo 4: El poder de las relaciones

Maneras de agradar a los demás siendo yo mismo

 

El autor del libro: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Dale Carnegie, nos regala seis reglas que debemos seguir si queremos agradar a las demás personas.

  1. Interésese sinceramente por los demás. Dice Carnegie “se puede ganar más amigos en dos meses si se interesa uno en los demás, que los que se ganarían en dos años si se hace que los demás se interesen por uno”. Es verdad, muchas veces andamos buscando la manera en que los demás nos noten, de lucir interesante, singular, atractivo, y no nos damos cuenta que cuando hacemos algo bueno por los demás ganamos más. Ya sea cuando le hacemos saber a alguien que es importante para nosotros, porque la escuchamos, le dimos ese regalo que deseaba, estuvimos a su lado en momentos de angustias, o porque la consolamos estamos creando un vínculo.

Tenemos que dejar de pensar en nosotros mismos y empezar a pensar en los demás. Sin embargo, se nos hará difícil lograrlo a menos que nos agraden las personas y queramos su bienestar.

Es decir, tenemos que desear pasar tiempo con las personas y ver en ellas todo lo bonito que tienen, sus fortalezas, sueños, aspiraciones, historias, sentimientos, etc. Cómo diría John Maxwell, podemos ponerle un 10 a cada persona que estemos por conocer, ver lo bueno en ellos. Cuando lo hacemos, notaremos que estas personas están más abiertas a pasar tiempo con nosotros y a confiarnos varios de sus asuntos.

Si crees que eres un poco egoísta y poco creativo y no sabes cómo empezar a interesarte en los demás, déjame contarte que una vez leí un testimonio de mi amigo José, quien llevaba a su hija de 8 años, todos los domingos a un albergue para que ella le sirviera comida a niños y a madres solteras. Su pequeña hija experimentaba por ella misma diferentes emociones al realizar un acto de servicio por los demás. No se lo contaban. Ella era partícipe. Escuchaba y hablaba con las personas. Miraba las expresiones de alegría de las madres y de los niños. Tocaba y olía la comida que servía.

El acto de servir nos ayuda mucho en el manejo de nuestras relaciones. Te dejo la tarea de pensar a quien puedes servir hoy con humildad y sinceridad, realiza el acto de servicio y pon atención a la reacción de los demás. Luego reflexiona. Te aseguro que los resultados te sorprenderán.

  1. Sonría. Dicen que una imagen dice más que mil palabras. Ahora imagínese ver una linda sonrisa. Una sonrisa expresa: Me gustas. Me agradas. Me alegro de verte. Estoy feliz. No peleemos. Pasémosla bien. Una sonrisa comunica mucho. Dicen que la gente que sonríe tiende a trabajar, vender y enseñar con más eficacia y a criar hijos más tranquilos y alegres.

¿Crees que aprender a sonreír debería ser una tarea obligatoria en la escuela y en la casa? Yo sí. Entre más bonita es nuestra sonrisa, más encantadores nos volvemos. Todos deberíamos sonreír por varios minutos al día, aún estando solos. El mero hecho de sonreír enfrente de un espejo nos puede hacer cambiar un mal humor y pasar a sentirnos alegres. Nos puede hacer pensar en positivo.

¿Sabías que a las personas de televentas y telemercadeo se les enseña a sonreír cuando hablan por teléfono? Lo hacen porque según estudios la persona con quien hablan puede notar la diferencia en su estado de ánimo. La sonrisa contagia alegría, entusiasmo, seguridad, esperanza, motivación, positivismo, buenas noticias.

Yo siempre recuerdo a una de mis primeras jefas decirme: “al menos Lucía tiene una gran sonrisa” al referirse a una de mis subordinadas que tenía una cartera de cientos de clientes. Creo que ambos pensábamos que el 80% del trabajo de Lucía lo lograba al regalarle una encantadora sonrisa a los clientes. Ellos no tenían idea de lo arrecho que ella era. Sin dudas, su sonrisa era su mejor táctica.

  1. Recuerda que para toda persona su nombre es el sonido más dulce e importante. Aunque tú no lo creas a mí no me gustaba mi nombre cuando era pequeño, pero ahora me encanta. Sigue siendo el mismo nombre. No lo he cambiado. ¿Qué cambió? No lo sé. Sólo sé que cuando se equivocan y me dicen Alfredo, Adolfo o Alonso me desagrada; en cambio me agrada cuando me dicen Alfonso.

-Hola Alfonso, ¿Cómo estás?, – Excelente conversación Alfonso, me dio gusto conocerte, – Pudiéramos hacerlo de una manera diferente, Alfonso…   Sin dudas, cuando me dicen mi nombre pienso que la persona que lo dice es educada, quiere agradarme y hasta que me quiere. A la mayoría de nosotros nos pasa de una manera similar.

Sin embargo, ahora muchos se olvidan de decir el nombre y lo sustituyen por un ‘estimado’, ‘licenciado’, ‘doctor’, ‘don’, ‘master’. Qué horror. No nos damos cuenta que nuestro nombre es algo singular. Por nuestro nombre nos han llamado nuestros padres, mejores amigos, novias, maestros. Evocan emociones y sentimientos positivos. Es bonito y agradable. Si reconocemos esto, empecemos a llamar a los demás por sus nombres tantas veces como sea posible.

  1. Sé un buen oyente, anime a los demás a que hablen de sí mismos. No olvides las palabras de John Maxwell: “A las personas no les importa qué tanto sabe usted hasta que sepan cuánto se interesa usted en ellas”. Haga hablar a las personas de ellas mismas, preguntando y escuchando.

Cada vez que veo a un niño jugar y me acerco yo sé que debo preguntarle ¿qué haces? Luego debo dejarlo hablar y callarme. Simplemente debo escuchar cómo paso a paso él va describiendo de la mejor forma lo que está haciendo, cuánto tiempo lleva jugando, por qué le gusta ese juego, que lo anima a continuar y qué le fascina hacer en sus ratos libres. Verídico. En menos de cinco minutos logramos hacer una conexión con un ser humano que estaba ido y concentrado en un juego previamente.

Similarmente sucede con las personas adultas. Queremos hablar. Queremos contar nuestras historias. Queremos tener oyentes. Queremos consejos. Queremos apoyo. Queremos amigos. Queremos lucir interesantes. Queremos aceptación. Queremos ser estrellas. Queremos ser protagonistas.

  1. Habla siempre de lo que le interesa a los demás. Theodore Roosevelt dijo “el camino para llegar al corazón de una persona es hablarle de las cosas que más preciosas le son”. Todos nosotros tenemos nuestros gustos, intereses y aficiones. También tenemos miedos, aflicciones y preocupaciones.

Qué bonito es cuando encontramos a alguien que luego del clásico ‘hola que tal’ se las ingenia para hacer que hablemos de lo que más nos apasiona, de lo que en ese momento nos preocupa u ocupa nuestras mentes. Se siente muy agradable cuando eso sucede.

Lastimosamente, normalmente sucede lo contrario. Un vendedor quiere decirle rápidamente al cliente por qué debe comprar su producto, lo magnífico que es la empresa en la que trabaja o lo responsable y confiable que es él o ella. Son pocos los vendedores que hacen preguntas para conocer que está pensando el cliente, que está pasando en su vida, que problemas puede estar teniendo, que aficiones tiene, que le atrae, cuáles son sus intereses, deseos y necesidades.

Nos dejamos llevar inconscientemente por el ‘yo’ y por el ‘tengo poco tiempo’. Al final, nos olvidamos de indagar sobre la otra persona y de permitirle hablar de lo que le interesa.

  1. Haga que la otra persona se sienta importante y hágalo sinceramente.

Cuando me pongo a pensar cual sería la mejor enseñanza en el ámbito de las relaciones humanas siempre termino con la famosa regla de oro dada por Jesús: “Haz al prójimo lo que deseas que el prójimo haga por ti”. Nada más y nada menos. Al final es cuestión de reconocer que nos gusta y cómo nos gusta que nos traten.

Todos queremos que nuestra opinión cuente. Deseamos probar nuestra inteligencia e ingenio. Como dice Dale Carnegie, “usted quiere la aprobación de todos aquellos con quien entra en contacto. Quiere que se reconozcan sus méritos. Quiere tener la sensación de importancia en su pequeño mundo. Quiere que sus amigos y allegados sean calurosos en su aprobación y generosos en su elogio”.

No nos olvidemos de las palabras del profesor William James: “el principio más profundo en el carácter humano es el anhelo de ser apreciado”.

 

Escrito por: Alfonso Barquero
Mentor en Liderazgo, Oratoria y Ventas
+505 8688 1434

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