Capitulo 6: El poder de las relaciones

Capitulo 6: El poder de las relaciones

¿Qué debo hacer para ganar una discusión?

 

Cuando era joven me gustaba hacer de cada tema una discusión. Era mi manera de buscar ser el centro de atención por unos minutos. Supongo que quería proyectarme como un joven con capacidad de argumentación, conocedor de la historia y de hechos relevantes, con fuertes habilidades analíticas y persuasivas y uso de la lógica.

Recuerdo que algunos de mis amigos me decían que debía estudiar leyes cuando llegara a la universidad. Fue después de los 30 años, cuando estaba precisamente estudiando leyes (mi tercera carrera) que me di cuenta de lo necio que había sido. ¿Cómo me di cuenta? Justamente porque algunos de mis compañeros de leyes eran realmente necios. Así es, casi siempre es más fácil ver los errores de los demás que los de uno.

Resulta que mis compañeros discutían de temas que claramente sabían poco (yo en cambio creía ser experto en algunos) y trataban de demostrar dominio y seguridad. -Qué mal- decía yo a mis adentros, hablar y discutir por todo sin tener un verdadero conocimiento de causa.

Fue en esos tiempos que me llegué a dar cuenta que al discutir con alguien no trae resultados positivos. Entonces ¿qué debo hacer para ganar una discusión?

La respuesta es sencilla: Debo evitarla.  El que discute nunca gana.

Por ejemplo, yo siempre que ganaba una discusión me alegraba. Poco a poco me fui dando cuenta que la alegría desaparecía rápidamente. Quince minutos más tarde de haber concluido la discusión, pocos mostraban interés en el tema y a nadie le importaba que tanto sabía yo de dicho asunto. Me apena decir que muchas veces me frustré por eso.

Muchos de nosotros caemos en el error de querer demostrar nuestra superioridad y nos vamos volviendo fanáticos de discusiones en ciertos temas políticos, deportivos, religiosos, universitarios y laborales. Poco a poco sin darnos cuenta vamos alentando y alimentando nuestro ego.

Tenemos que pensar que la persona que yo acabo de vencer en una discusión puede enojarse, puede maldecirme en sus adentros, insultarme en público o hasta hacerme daño físico en algún momento. Difícilmente la persona aceptará su derrota, ni estará complacida de perder.

Ahora cuando veo a una persona discutir sobre un tema, trato de escucharla, de ser educado, de aprender algo, pero siempre dejo abierta la interrogante: ¿será que tiene razón?

No me importa responder a esa pregunta en ese momento. Le huyo a la respuesta ya que no es el momento oportuno.

Recuerdo las palabras de Buda: “el odio nunca es vencido por el odio, sino por el amor.”

Te animo a que pensemos que “un malentendido no termina nunca gracias a una discusión sino gracias al tacto, la diplomacia, la conciliación, y un sincero deseo de apreciar el punto de vista de los demás” (Dale Carnegie).

 

Escrito por: Alfonso Barquero
Mentor en Liderazgo, Oratoria y Ventas
+505 8688 1434

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